
Los musulmanes desconocen la idea cristiana del pecado, siendo lo importante la fe. El verdadero creyente será bendito en el paraíso, mientras que el tormento será el destino final del malvado.
Para ser un verdadero creyente, debe orarse cinco veces por día mirando hacia La Meca, entregar obligatoriamente limosna al necesitado, no beber alcohol, ayunar entre la salida y la puesta del sol en el mes de Ramadán, y procurar ir aunque sea una vez en su vida, en peregrinación a La Meca.
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